Casi todos hemos cogido el coche alguna vez para ir a un sitio que estaba a un paseo corto de casa. Es un hábito, y como todos los hábitos, se puede cambiar poco a poco. Ir andando a los recados no requiere ningún esfuerzo especial, solo un pequeño cambio de mentalidad: pensar que el trayecto también forma parte del día y no es un tiempo perdido.
Empieza por un solo recado a la semana. Elige uno que esté cerca, como ir a la farmacia, a la panadería, al buzón o a la papelería, y hazlo caminando. Fíjate en cuánto tiempo tardas de verdad, porque muchas veces es menos de lo que pensabas. Cuando ya te sientas a gusto, añade otro recado, y luego otro. Poco a poco, el coche quedará en la puerta más a menudo.
Preparar lo necesario
Ponte calzado cómodo y ropa adecuada para el tiempo que haga. Lleva una bolsa de tela o una mochila pequeña, donde quepa lo que tengas que comprar o recoger. Si el recado es más grande, planifícalo con cuidado y usa un carrito. Guarda estas cosas cerca de la puerta, para que salir a pie sea tan fácil como coger las llaves del coche.
Aprovecha el trayecto. Puedes escuchar música, un pódcast o un audiolibro, hablar con un amigo por teléfono o simplemente mirar a tu alrededor. Muchas personas dicen que esos minutos les sirven para ordenar las ideas o para descansar de la pantalla. Organiza los recados en un recorrido lógico. Si tienes que hacer tres cosas, piensa cuál va primero, para no dar vueltas de más. Empieza por lo más lejano y termina por lo más cercano a casa, o al revés, según lo que pesen las compras. Un recorrido bien pensado ahorra tiempo y energía, y te da la sensación de que todo está bajo control.
Ten paciencia con los días difíciles. Si llueve mucho o hace un calor insoportable, no pasa nada por usar otro medio o por dejar el recado para otro día. Lo importante es la costumbre general, no ser perfecto. Con el tiempo, andar se convierte en tu forma habitual de moverte por el barrio, y descubrirás lugares, tiendas y rincones que nunca habías visto desde el coche.