Todos los padres lo han vivido: sales con los niños a hacer un recado a pie, y a los pocos minutos empiezan las quejas. Están cansados, aburridos, quieren volver a casa o piden que los lleves en brazos. Es normal. Con un poco de imaginación, sin embargo, ir a pie puede convertirse en una parte divertida del día.
Empieza por hablar con ellos antes de salir. Explica adónde vais, cuánto tiempo puede llevar y qué vais a hacer allí. Los niños llevan mejor las tareas cuando saben qué esperar. Si el recado incluye algo que les gusta, como pasar por la panadería o por el parque, diles desde el principio que estará en el camino. Eso les da una razón para seguir adelante.
Juegos y pequeñas misiones
Convierte el camino en un juego. Puedes buscar letras en los carteles, contar los coches rojos, saltar por las baldosas de un color o adivinar qué animal aparecerá primero. También puedes pedirles que sean los guías y decidan en qué esquina se gira.
Dales una misión. Un niño puede llevar la lista de la compra, otro la bolsa de tela, otro el monedero. Si sienten que ayudan, caminan con más ganas. En la tienda, deja que elijan una fruta o que pongan algo en la cesta. Así el recado deja de ser una obligación de los mayores y pasa a ser una aventura compartida, con reparto de tareas y muchos elogios.
Planifica las paradas. Un banco a la sombra, una fuente, un columpio o una plaza con palomas pueden hacer que la ruta sea más llevadera. Lleva algo de comer y de beber, porque el hambre y la sed empeoran el humor enseguida. Si el niño se queja, no lo ignores: párate un momento, escúchalo y luego seguid con calma. Elige recados cortos al principio y aumenta la distancia poco a poco. Si un día no hay manera, cambia de plan y vuelve a intentarlo otro día. Lo importante es que caminar sea algo agradable, no una lucha. Con el tiempo, los niños se acostumbran a andar y hasta empiezan a pedirlo. Un patinete o una bicicleta también pueden ser una alternativa, si prefieren moverse con ruedas.